Los ejemplos de los grandes negocios, son sólo para los grandes…

Los ejemplos de los grandes nos apasionan: nos encanta ver cómo se construye un imperio de la nada, la música de la épica de quien crea a un titán de los mercados nos cautiva. Nos encandilan los números de las empresas de moda como Facebook, Google, Amazon, Mercado Libre… Es humano, nos pasa a todos: nos gusta escuchar grandes historias que terminan bien, nos gusta el éxito. Pero más allá de ser una historia interesante, ¿puede servirnos para algo más que para entretenernos?

En general, las ideas de negocio más exitosas no sólo son únicas, sino que se han creado como océanos azules. Justamente, se han vuelvo famosas porque su éxito no lo comparten con nadie. Yo personalmente creo que todos estos ejemplos de grandes negocios, que han cobrado una escala increíble, se cimentan sobre la combinación de tres elementos: la idea, el contexto y el azar. En principio, existiría una única combinación de estos tres elementos que han llevado el negocio al punto en el que hoy lo conocemos. Alterar un poco sólo alguno de esos factores traería un resultado completamente distinto.

Tal vez la idea de Facebook no nació con Facebook, pero fue el contexto y el azar los que permitieron que Facebook saliera a la luz. Lo mismo podemos pensar que sucedió con muchas de las grandes empresas que conocemos. ¿O acaso el concepto de Pay Pal es realmente innovador? ¿Es realmente Apple una empresa innovadora? No podemos saber cuántos fallaron antes que los hoy célebres y exitosos lo hayan logrado. Nadie nos cuenta las historias de los facasos, sólo las de los éxitos, porque nos gustan más, porque nos atraen.

Eso significa que para poder tomar una historia de éxito como referencia no basta con estudiar el caso de negocio, sino que hay que detectar cuáles fueron los detalles de los tres elementos: idea, contexto y azar. Y aun así, es probable que tampoco logremos aprender demasiado, porque seguramente nunca nos encontraremos en el mismo contexto ni con los mismos elementos de azar y mucho menos con la misma idea.

Es por eso, que la mejor forma de aprender no es de los casos de éxito, de los taquilleros, sino más bien de algunos ejemplos que dan muestra de un gran talento para gestionar o transformar un negocio. Por que si una empresa ha surgido apoyada en la visión de su líder y su oportuno ingreso en el contexto, eso es algo que no podemos imitar y por lo tanto es sólo una anécdota más. Para aprender, valen más los éxitos moderados o los pequeños negocios que han demostrado talento frente a la adversidad y han sabido surgir de las dificultades. De ellos podemos aprender mucho.

Porque en definitiva, los ejemplos taquilleros son casos únicos de elementos que nunca volverán a darse de la misma forma. Los ejemplos de los grandes, son para los grandes. Para quienes quieren emprender o gestionar una empresa, es mejor aprender de historias de fracasos o de personas que han luchado contra las adversidades. De lo contrario, sería como querer aprender a ser millonarios observando como hizo su fortuna el ganador de la lotería.

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